¿Estará Dios sentado a la derecha de Rajoy?
«El cardenal arzobispo de Toledo, monseñor Antonio Cañizares aseveró hoy que la Iglesia "no tiene otra palabra que decir que Cristo" y "esta palabra no la callará jamás, no la silenciará a pesar de los poderes de este mundo que quisieran silenciada o verla reducida a los espacios sacrales, no la dejará morir nunca".»
Es radicalmente imposible ver a Cristo en el famoso documento de los obispos españoles, pero el citado cardenal continúa:
«La Iglesia, agregó, "proclamará sin cesar y reivindicará en cualquier circunstancia la dignidad e inviolabilidad de todo ser humano y los derechos fundamentales que le corresponden al hombre, incluidos los de la libertad de conciencia y de libertad religiosa en toda su extensión, así como todos los correspondientes a la libertad de la educación".»
Entre los derechos fundamentales será bueno recordarle los de las mujeres, que no pueden ser sacerdotes, ni obispos, ni cardenales… o los de los homosexuales y lesbianas, por ejemplo. La libertad religiosa no la han defendido nunca para las otras confesiones, la libertad de educación para ellos es imponer la doctrina católica en las escuelas mediante una asignatura llamada religión católica, que no creo que suponga un respeto de la libertad religiosa de los otros.
«Por eso, "la bienaventuranza prometida nos coloca, así, ante opciones morales decisivas", apuntó el cardenal de Toledo, para quien "las bienaventuranzas nos abren un horizonte nuevo con relación a la vida y a la conducta humana".»
Veamos entonces el texto de San Mateo:
- Bienaventurados los pobres de espíritu: porque de ellos es el reino de los cielos. (Versículo 3)
¿Se refiere a la gente normal de la calle, poco instruida en teología, o a los que no estudian Religión católica que tanto podría enriquecer su espíritu? - Bienaventurados los mansos: porque ellos poseerán la tierra. (Versículo 4)
¿Se refiere a los trabajadores sin contrato o a las mujeres maltratadas a quienes durante tanto tiempo el párroco de turno les pedía resignación y sacrificio? - Bienaventurados los que lloran: porque ellos serán consolados. (Versículo 5)
¿Se refiere acaso a las víctimas del terrorismo que durante tanto tiempo fueron ignoradas por tantos sacerdotes vascos sin que la Conferencia Episcopal publicase documento alguno? - Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia: porque ellos serán saciados. (Versículo 6)
¿Se refiere a los médicos perseguidos por Lamela que, aun teniendo una sentencia que demuestra la injusticia a la que fueron sometidos por el Partido Popular en la Comunidad de Madrid, siguen siendo insultados y se les niega toda compensación, aunque Esperanza Aguirre la hubiera prometido? - Bienaventurados los misericordiosos: porque ellos obtendrán misericordia. (Versículo 7)
¿Se refiere a los propios obispos cuando son capaces de despedir a profesores de Religión por haberse divorciado, pero corren a celebrar la boda de la princesa Leticia (curiosamente también divorciada)? - Bienaventurados los limpios de corazón: porque ellos verán a Dios. (Versículo 8)
¿Se refiere a la COPE y a su gran predicador lleno de buenas intenciones expresadas con insultos y mentiras? - Bienaventurados los pacíficos: porque ellos serán llamados hijos de Dios. (Versículo 9)
¿Se refiere a los sacerdotes castrenses o a los que fueron cómplices en las dictaduras española, argentina, chilena…? - Bienaventurados los que sufren persecución por la justicia, pues de ellos es el reino de los cielos. (Versículo 10)
¿Se refiere a los curas y obispos pederastas en Austria o Estados Unidos, por ejemplo, a los que la Iglesia protege con cambios de parroquia y un silencio clamoroso aunque tenga que vaciar los cepillos para indemnizar a las víctimas?
¿Qué tienen que ver las Bienaventuranzas con el documento de la CEE?
«Finalmente, señaló que exhortación de la Conferencia Episcopal "no procedía de error o de motivos turbios, ni usaba engaños, y así lo predicamos, no para contentar a los hombres, sino a Dios, que aprueba nuestras intenciones. Nunca hemos tenido palabras de adulación, ni codicia disimulada. Dios es testigo. No pretendimos honor de los hombres".»
Es cierto, no hay engaño, nunca ha estado más claro para quien piden el voto los obispos: para el Partido Popular, aunque afirme que mantendrá la ley del aborto y que sólo le cambiará el nombre a la ley de matrimonios homosexuales, ¿qué le vamos a hacer?, habrá que decantarse nuevamente por el “mal menor”.
Lo curioso es que con ello contenten a Dios, ¿a qué dios?, al de “Amaos los unos a los otros como yo os he amado” no, tal vez a un dios sentado a la derecha, muy a la derecha de cualquier evangelio, de cualquier esencia verdaderamente cristiana.
¿Quién lanza siempre “la primera piedra”? ¿Quién “siembra vientos” y se queja de tan inocuas “tempestades”?
¿Acaso estos cardenales tan humildemente vestidos, que rechazan figurar entre los poderosos, que habitan en lugares tan modestos como las catedrales, que poseen escuelas dedicadas a los pobres hijos de las clases dominantes, que apenas tienen alumnos inmigrantes en sus colegios concertados?
La palabra de Cristo nada tiene que ver con los intereses terrenales de quienes presumen ser representantes de lo divino. Si muestran su opción política terrenal que no se quejen de las repercusiones. La mayoría de los católicos sabe que su fe no debería ser utilizada ni manchada por opciones políticas, que en nada son perseguidos, que, aun siendo un sistema imperfecto, nuestra democracia es mucho más tolerante, abierta y respetuosa que los cuarenta años de Franco, en los que los obispos ocupaban cargos políticos, que cualquier sistema político anterior en el que haya participado la Iglesia con su sectarismo secular, con sus bulas para los ricos, con su divorcio encubierto para los que pudieran pagarlo y una triste historia de inquisiciones, racismos y persecuciones infames.
Puesto que no pretenden honor de los hombres, bueno será que empiecen a ganarse el pan con el sudor de su frente y se denuncie ya el Concordato y sus privilegios sin parangón en el resto de Europa, países como Francia o Italia no les conceden un trato tan favorable, tal vez por eso sus obispos son menos beligerantes que los españoles, tal vez ellos sí entendieron la bienaventuranza para los "pacíficos".












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